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El tesoro escondido de la memoria jesuítica.

foto-bibliaLa biblioteca del Seminario Mayor conserva libros que la Compañía de Jesús utilizaba en la formación de los primeros sacerdotes. Hay libros de 1611 y biblias manuscritas con adornos de oro. La colección es poco consultada. Un valioso testimonio del legado cultural de los jesuitas en Argentina se atesora en las vitrinas de la biblioteca del Real Colegio de Nuestra Señora de Loreto, hoy Seminario Mayor de Córdoba.

Se trata de unos 400 ejemplares que utilizaron los primeros seminaristas de esa casa diocesana en su formación sacerdotal.

Sagradas Escrituras de los siglos XVI y XVII (manuscritas en latín), libros de lectura espiritual y oficios seleccionados por los clérigos de la orden fundada en 1534 por Ignacio de Loyola y hasta textos escolares integran la colección de libros antiguos de la biblioteca Monseñor Alfonso María Buteler, ubicada en Hipólito Yrigoyen 64. Este archivo, especializado en teología y filosofía, cuenta con unos 37.500 volúmenes y 320 títulos de publicaciones periódicas. Pertenece en la actualidad al Profesorado en Ciencias Sagradas, que se cursa en esa institución eclesiástica. “El origen de muchos de estos volúmenes se remonta al primer seminario conciliar argentino fundado en Santiago del Estero (primera sede del Obispado del Tucumán) por fray Fernando de Trejo y Sanabria el 16 de diciembre de 1611”, comenta Norma 
Romero, bibliotecaria de la institución. Su compañera de tareas Beatriz Álvarez agrega que la existencia del material es “prácticamente desconocida” por la comunidad cordobesa y recuerda que hace algún tiempo “un abogado de Buenos Aires viajaba hasta aquí para consultar estos libros”. Caminos de la memoria El 24 de junio de 1699, el controvertido obispo Manuel Mercadillo trasladó a Córdoba la sede de la diócesis del Tucumán y con ella el seminario conciliar, que funcionó en inmuebles arrendados e inadecuados para tal fin durante varias décadas, con el nombre de Santo Tomás de Aquino.

Recién en 1752, el obispo Pedro Miguel de Argandoña le destinó un edificio propio. En sus célebres “Reglas directivas y doctrinales”, este prelado se refiere a la constitución de la biblioteca y advierte sobre las dificultades para sostenerla en el tiempo: “Un cuerpo moderado de librería es muy preciso. La cortedad de la renta no da ensanche a costearla; y así nos remitimos a la piedad de nuestros sucesores y a la de los prebendarios para que como patrones de este su colegio dejen esa memoria”. Curiosidades Entre los libros antiguos de la biblioteca Buteler se destaca una edición de las Sagradas Escrituras. Pertenece al benedictino español Jerónimo Lloret (1500-1571).

El tomo, del “año del Señor” 1583, muestra una encuadernación, probablemente original, en pergamino duro con vestigios de cordoncitos. Lloret ingresó en 1525 como monje en la abadía de Montserrat (Barcelona, España), donde enseñó teología, griego y hebreo. Su obra Sylva allegoriarum totius Sacrae Scripturae (a la que pertenece el libro de referencia) contiene todas las palabras de la Biblia, con explicación de su sentido literal, alegórico y místico. También llama la atención en la colección jesuítica un libro rancio de cantos religiosos de 1616 (este año cumplió cuatro siglos). Bernardo Illari, egresado de la escuela Domingo Zípoli y doctor en musicología por la Universidad de Chicago (de la que es docente) se refirió a este material en la conferencia “El canto gregoriano en la Córdoba del siglo XVIII”, que ofreció en mayo en esta ciudad. Otra obra original que sobresale es el estudio sobre textos del Evangelio de João da Sylveyra (1592-1687). El trabajo data de 1684 y en la última página tiene una cita manuscrita del autor sobre la fidelidad de la esposa. La cubierta es similar a la del ejemplar de Lloret y en el lomo decorado tiene una gran inscripción en tinta china: “Sylveyra in Evangelia”. Enmarcaciones Otros ejemplares antiquísimos conservan la encuadernación en cuero de vaca con estampas de oro en el canto opuesto al corte de hoja. Varios lucen portadas decoradas con el emblema de la Compañía de Jesús, grabadas en cobre u oro, con tejuelos enmarcados en rojo y verde. Y otros tienen inscripta en letra caligráfica la leyenda: “Es del Real Colegio de Loreto, año de 1782”. Monseñor Carlos Audisio, quien catalogó el fondo antiguo de los jesuitas, supone que la referencia aludiría al año en que debían entregarse a la Universidad de Córdoba. Es que las obras sufrieron varias mudanzas luego de que Carlos III firmó la Real Pragmática de 1767 por la que ordenó la expulsión de la Compañía de Jesús de España y de todos sus dominios en el mundo.

El regreso a Córdoba

Recién en 1999 los libros retornaron desde Buenos Aires. Devolución. El 25 de noviembre de 1999, el entonces presidente Fernando de la Rúa (a instancias de su ministro de Educación, el cordobés Hugo Juri) firmó un decreto ordenando la devolución a la Biblioteca Mayor de Córdoba de los libros jesuíticos que la Junta de Mayo había llevado a Buenos Aires para fundar la actual Biblioteca Nacional. Muestra. Desde 2000, la colección se exhibe en el Museo Histórico de la Universidad Nacional de Córdoba (Obispo Trejo 242).

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