La biblioteca pública: un refugio de calma y esperanza por un futuro mejor
de cómo la vida de una pequeña migrante se transformó por un bilbiobús es razón para reactivar esa tarjeta bibliotecaria en desuso
Todo bibliófilo, en especial aquellos con 30 años o mayores, guarda en su memoria, en los archivos polvorientos del cerebro, un vago y cálido recuerdo de una biblioteca: la alegría de firmar tu primer carnet de biblioteca, el olor del primer libro que tomaste prestado, el bibliotecario mandando chistar, pero que también te daba la bienvenida a aquel lugar tranquilo y siempre estaba dispuesto a enseñarte algo nuevo,… Por desgracia, hay informes que recogen que, cada año, cada vez menos estadounidenses pasan tiempo en bibliotecas, bibliobuses, bibliotecas ambulantes, etc., así que a veces se extiende la sensación de que las bibliotecas públicas se han convertido únicamente en eso: un recuerdo difuso y preciado. Sin embargo, no deberíamos darlas por perdidas todavía. Por mucha potencia que nos ofrezcan los motores de búsqueda en internet, los estudios indican que en realidad Google no es capaz de sustituir todo lo que las bibliotecas físicas pueden brindarnos. Por otro lado, el periódico Los Angeles Times informó de una sorprendente estadística según la cual los libros impresos a un ritmo ligeramente mayor que el de generaciones anteriores.

